Primeras experiencias como conductor

primer dia como conductorHace poco más de diez días que comencé a conducir por primera vez. Han sido días intensos, de aprendizaje acelerado, donde me he visto obligado a enfrentarme a desafíos de los que no me creía capaz en tan poco tiempo. He superado muchos de esos desafíos, he cometido errores y voy madurando como conductor cada vez que me enfrento a nuevas situaciones. En este artículo voy a comentar mis primeras experiencias como conductor que, sin duda, pueden ayudar a quienes son novatos al volante.

Cuando fui por el coche al concesionario mi principal preocupación era cómo iba a meterme en el garaje de mi edificio, que tiene poco más de diez centímetros de margen a cada lado del retrovisor. La circulación en sí no me supuso ningún estrés. Mi Toyota Yaris Hybrid es fácil de conducir, con cambio automático, y eso ayudó mucho. Pero aquel agujero oscuro del garaje y esas columnas diseminadas en un laberinto creado por algún arquitecto loco, me daban sudores fríos. Y, en efecto, esa fue la prueba más difícil los primeros días: aparcar en el garaje.

La primera vez que entré al garaje iba tan animado por haber llegado que no me fijé mucho ni en las distancias ni en las columnas. Conduje allí dentro por intuición y conseguí llegar a la plaza de garaje, un rectángulo miserable con varias amenazas a cada lado en forma de columnas descuadradas y una pared. No se me ocurrió mejor idea que entrar allí girando de frente y, como podrás imaginar, fue toda una odisea. Mi mujer se bajó para indicarme, pero aún así tuve que maniobrar para aquí y para allá hasta dar con el ángulo correcto. Es una plaza de garaje complicada, no para mí que soy un novel sino también para mi mujer con más de 15 años de experiencia al volante y muy hábil para estacionar y maniobrar. Cuando me bajé del coche y lo vi allí metido, con tan pocos centímetros a cada lado, creí que no podría hacerlo de nuevo. Pero respiré de alivio por haber llegado y estacionado sin ningún incidente. Fue entonces cuando me di cuenta de que, con los nervios del momento, había venido desde el concesionario sin los papeles del coche (o sea, sin el permiso de circulación, la ITV, el manual del coche,…). Llamé al concesionario y me fui otra vez hacia allí. Salir de la plaza de garaje no me resultó tan difícil como entrar, pero también me costó. Y luego tuve que pasar el mal trago de atravesar nuevamente la puerta de salida al garaje, que es tan estrecha como la de entrada.

Llegué al concesionario otra vez sin problemas y, ya con los papeles, a mi mujer se le ocurrió ir al centro comercial para celebrar mi primer día como conductor. Rebosante de optimismo, nos fuimos para allá, y todo fue perfecto. Me sentía bien, orgulloso de mí mismo. Aparqué en el centro comercial, miré el coche, me fotografié con él, comimos, y visitamos las tiendas. La vuelta no iba a ser tan agradable. Como no teníamos muy claro el camino de vuelta, le di el móvil con el GPS a mi mujer para que me fuera indicando. Y entre que ella no es muy hábil con la tecnología y que el GPS estaba empeñado en meternos por calles difíciles, acabé teniendo una de esas experiencias demasiado fuertes para un primer día al volante. Acabamos perdidos por el centro de la ciudad, en unas callejuelas que parecían sacadas de la Edad Media, con distancias laterales de ir rozando las paredes con los retrovisores. En esas circunstancias, llegó un momento en que me puse muy nervioso. Gracias a la paciencia de mi mujer y a que opté por tomar la primera calle amplia que viera, conseguí salir del atolladero. Pero el trauma quedará en el recuerdo. A pesar de todo, ese primer día concluyó bien, con mucha dificultad para estacionar en el garaje y con la satisfacción de haber superado pruebas intensas para un novel sin haber rozado el coche.

Al día siguiente estaba deseando subirme al coche y hacer kilómetros. Circulé con soltura, con algunos errores de principiante y sin conseguir relajarme al volante, pero también sin crear situaciones de peligro. Fuimos al supermercado y, de nuevo, una entrada de garaje ajustada al milímetro. No entiendo la manía por hacer garajes al límite de espacio posible, y con el agravante de que hay coches que aparcan mal a los lados de la entrada e impiden hacer el giro al tratarse de una calle muy estrecha. A pesar de todo, entré y salí de aquel agujero. El varapalo iba a llegar después. Había terminado la jornada y llegó el momento de aparcar en la plaza de garaje. Mi mujer salió para indicarme. Entré de frente de nuevo. Yo, confiando en ella, seguí sus instrucciones sin mirar bien por los retrovisores hasta que noté un chirrido que me dolió como si me estuvieran desgarrando las tripas. Cerré los ojos y todo. Había rozado el coche contra la columna. No quise ni bajarme para verlo. Ahora tenía que salir de la situación. Mi mujer me dijo que hiciera marcha atrás para sacarlo. Y de nuevo aquel sonido, ahora aún más fuerte. Hasta que por fin quedó libre. A pesar del trauma, no renuncié y volví a intentarlo hasta que lo dejé aparcado. Al salir vi las consecuencias: varios arañazos en el guardabarros y la puerta trasera, y un bollo pequeñito pero visible. Se vino abajo toda mi emoción por conducir, e incluso surgió una discusión con mi mujer que me hizo sentir todavía peor. Un coche sacado del concesionario hacía dos días y que ya tendría que pasar por el taller para pintar probablemente la puerta completa y el guardabarros.  Trescientos euros o más que me costará la reparación, y con la duda de si quedará igual que nuevo. Los primeros días no pude dejar de mirar aquellos arañazos, aunque realmente no se aprecian mucho y ya ni me preocupan (aunque, obviamente, voy a repararlo). Prepárate porque en algún momento llegará tu turno de dañar el coche y, créeme, no es agradable. A raíz del incidente con la columna, decidí que lo mejor era aparcar el coche marcha atrás, como mandan los cánones. Y, asistido por la cámara trasera de mi coche, el aparcamiento en el garaje resultó más fácil que de frente. No obstante, hasta que no he aparcado varias veces no he conseguido medir bien las distancias y tener puntos de referencia que me dieran seguridad. Ahora ya aparco en una sola maniobra en mi diminuta plaza de garaje, aunque todavía no puedo decir que me sienta seguro al cien por cien. Como no soy de las personas que se abaten al primer revés, al día siguiente volví a coger el coche y me fui a practicar estacionamientos de diversos tipos en una calle solitaria. Me vino muy bien.

En cuanto a la circulación, no he tenido incidentes graves hasta ahora, gracias a Dios. Me ha resultado mucho más fácil circular que aparcar. Las distancias laterales han sido mi principal fuente de inseguridad. En calles estrechas y con coches mal estacionados, se nota esa sensación de “¿pasará, rozará, golpeará?” que te hace dudar y pasar más por instinto que por una seguridad real. Con los días, el cerebro se va acostumbrando a las dimensiones del coche. Me ha costado acostumbrarme a la distancia frontal también, y cuando voy a aparcar o a girar en lugares muy estrechos aún dudo de si el morro no rozará. Como mi coche tiene un morro corto, en general suelo exagerar el peligro, y voy ajustando cada vez más. Pero no es tarea fácil al principio.

He cometido diversos errores circulando, principalmente despistes con las luces, el freno de mano, el cinturón,… A día de hoy he mejorado mucho, pero algunos despistes aún persisten, y de vez en cuando surgen otros nuevos. Pero, en general, con poco más de diez días de coche puedo decir que he mejorado mucho con respecto a los primeros días.

Si eres nuevo conductor te recomiendo calma, paciencia y que intentes aprender de los errores pero sin juzgarte con demasiada dureza ni abatirte cuando algo salga mal.

Compartir esto:

8 comentarios en “Primeras experiencias como conductor

  1. He querido contactar a expertos para que me enseñen a conducir, recientemente me aconsejaron entrar a Queautoescuela.com para buscar una buena autoescuela dependiendo del lugar que me quede más cerca o me sea más accesible de acuerdo a mi horario, me gustaría hacerlo pronto. Sin embargo, una de las cosas que me ha detenido es que, una vez una amiga quiso enseñarme y me paralizaba frente al volante, me da miedo que eso vuelva a pasarme pero al leer experiencias como esta me da ánimo para atreverme. Por eso considero que sería muy útil que siguieras actualizando la información y que también pudiésemos por acá compartir nuestras experiencias con el fin de afianzar nuestros conocimientos y adquirir mayor confianza para nuestra práctica. ¿Qué les parece la idea? Sería como un grupo de apoyo para lograr la meta de aprender a conducir. Saludos…!

    • Haré lo posible para seguir actualizando. Tengo muchas experiencias para compartir sobre mi primer año conduciendo. Ya he quitado la L, por cierto. Lo que me falta es tiempo para escribir, pero prometo hacerlo en cuanto tenga un respiro de mis otras actividades. Y quien quiera colaborar con sus experiencias también es bienvenido. Gracias y un saludo.

  2. Debo llevar unos 7 días desde que tengo mi licencia y hoy, por desgracia, cometí un error de principiante que me costó una abolladura en mi carro. Les cuento. Iba circulando por una vía bidireccional de una pista por sentido, cuando veo un bus pequeño parado frente a mí, sin luces ni nada (error del conductor del bus). Cuando me dí cuenta de que el conductor estaba fuera del bus hablando por teléfono ya estaba demasiado cerca de su máquina como para adelantar de una sola maniobra, así que tuve que detenerme. Puse mis luces de emergencia y esperé a que no viniera ningún vehículo en la direccion contraria para poder adelantar al bus, pero no tenía visibilidad suficiente. El tipo se dio cuenta de esto e intentó ayudarme avisándome de cuándo era el momento de adelantar, y aquí vino mi error. El tipo me hizo una seña para avanzar, y yo ciegamente confié en él como si fuera la indicación de un policía regulando el tráfico. No me di cuenta de que las señas no eran para mí sino para el tipo que estaba justo atrás mío, que ya venía adelantando tanto a mí como al bus de enfrente. Al momento de intentar cambiarme de pista veo la punta de otro vehículo con mi ojo izquierdo y frené de inmediato, pero el tipo me chocó, muy despacio pero lo suficiente para hundir la lata de mi vehículo, la que está justo bajo el espejo retrovisor.

    Me duele demasiado haber cometido tales errores, que fueron dos. Primero no debí confiar ciegamente en las indicaciones del conductor del bus y, segundo, no miré el espejo retrovisor antes de adelantar. Pero fue precisamente por confiar en las indicaciones del tipo. Gravísimo error. Ahora no sé qué hacer con esa abolladura que tiene mi vehículo. Por suerte el tipo que me chocó no dijo nada y solo siguió su camino.

    • No te preocupes ni te desanimes por lo que te ha pasado. Estas cosas son habituales cuando uno es principiante. Yo no duré ni siete días. A los dos días de estar conduciendo, con el coche recién comprado, le di un rasponazo contra una columna en la parte lateral trasera al aparcar en el garaje. Todo el que conduce debe saber que, antes o después, acabará teniendo un golpe.

      Efectivamente, uno no debe confiar en nadie (ni como conductor ni menos aún como peatón). Por ejemplo, nunca, nunca, nunca, hay que hacerle señas a un peatón que está esperando en un paso de cebra para que pase, aunque se quede quieto y no veamos otros coches. Ya me ha pasado alguna vez esa situación de un peatón que se queda quieto aunque me pare antes del paso de cebra, y la tendencia es a indicarle que pase, sobre todo si te mira. Yo no lo hago, porque así lo indica el código de circulación y, en especial, porque más de una vez ha pasado un vehículo a toda velocidad por la izquierda, por lo que si ese peatón se hubiera confiado en una indicación mía habría muerto o habría quedado herido. En esos casos esperas, le miras, y si no se decide a atravesar entonces pasas tan lento como para frenar de golpe si él intentara pasar. Pero las manos siempre en el volante, nada de señas. Lo mismo pasa con las indicaciones de otros conductores. Si no hay seguridad y uno mismo no puede cerciorarse de la situación, mejor no ponerse nervioso y esperar.

      Los espejos retrovisores son de los elementos más importantes en la conducción. Tienes que acostumbrarte a mirarlos siempre, y a alternar la mirada de uno a otro de forma natural cuando sea necesario. Ese hábito no se aprende bien en unos días y ni siquiera en meses. Para hacerlo de forma automática y con seguridad calcula como mínimo entre seis meses y un año, o tal vez más. En unos años verás que ya ni le prestas atención pero sí que los miras de forma automática, porque sabes dónde tienes que mirar y cuándo.

      Has tenido suerte de que el otro conductor se fuera, porque en caso de haberte reclamado es probable que el seguro te hubiera considerado culpable y te hubiera aplicado una subida luego por la reparación del coche del otro conductor. Con los daños de tu vehículo depende de lo que tú quieras hacer. Puedes dejarlo como está si no es mucho (ese es mi consejo), dar parte a tu seguro (si tienes un todo riesgo aunque sea con franquicia) o bien llevarlo tú a un taller de tu confianza.

  3. En primer lugar, muchas gracias. Muchas gracias por el tiempo que dedicas a compartir tus experiencias. Me veo tan reflejado en todo lo que dices que casi casi parafraseas estos últimos tiempos de mi vida.

    Yo saqué el carnet con 18 años recién cumplidos, por aquello de: “es lo que toca en este momento”. Nunca me han gustado especialmente los coches, ni de niño tenía especial interés por ellos. Me saqué el carnet por inercia, sin mucha ilusión pero sin miedo. El problema viene después. En mi casa, de pequeño, el coche siempre fue un objeto con “demasiado” protagonismo. Mi padre estaba muy nervioso cuando conducía. Si se daba un pequeño rozón era un disgusto increíble. Un viaje más o menos largo generaba una tensión enorme desde antes de montarse en el coche. Como todo en esa época de niño, te marca, te marca de tal forma que luego cuando creces te das cuenta de que todos tus miedos vienen de aquello.

    Una vez sacado el carnet, visto que para mi padre el coche era un objeto tan sumamente “peligroso”, no me atraía cogerlo. Sólo lo cogí dos veces con él como copiloto, y la segunda al bajar me dije a mí mismo que nunca más. Me generó tal tensión que ahí sí cogí verdadera tiña a todo lo que tuviese que ver con el coche. Luego ya me marché de casa al extranjero y allí nunca necesité coche. Y cuando regresé a Madrid, menos. Algo demasiado poco útil para mí como para gastar dinero en él.

    Con el paso del tiempo, esa espina de no conducir ya era demasiado profunda y comenzaba a dolerme. Después de mucho mucho pensarlo, tengo que decirlo, TU BLOG ha sido fundamental para hacerlo, decidí tomar algunas clases en la autoescuela. Como tengo una lesión en la espalda y sufro ciática en la pierna izquierda, y además hoy día es muy común el tema de los cambios automáticos, pensé que esa era la opción correcta para animarme a volver a conducir. Sería más sencillo sin tener que comenzar de cero con el tema de los cambios manuales, y además el automático, desde mi punto de vista, es un elemento de seguridad activa. A mí no me gusta conducir. No disfruto sacando las máximas prestaciones de un coche. Entiendo a quien le gusta mucho conducir y prefiere hacerlo en manual, bien por ellos, pero, como todo en la vida, hay puntos de vista, gustos y necesidades distintas.

    Tomé 10 clases de conducir, con un muy buen profesor, muy cercano, muy amable, muy experimentado, paciente y emocionalmente muy inteligente, por lo que a él le debo mucho, prácticamente le debo todo en este aspecto. Compré un cochecillo automático y la primera vez que conduje yo solo fue para recoger el coche del concesionario. Todo el miedo de 2 décadas afrontado de golpe, solo y con coche nuevo. Paradójicamente disfruté muchísimo ese primer día. Era una sensación entre euforia, orgullo, confianza. Pude sacar el coche del concesionario, hacer el trayecto a casa y aparcar en la calle, e inmensamente más tranquilo de lo que jamás pude imaginar. La noche anterior debí dormir 2 horas a lo sumo. Incluso por un momento pensé llamar a mi hermano o a algún amigo para que viniese conmigo, pero seguí el consejo de mi profesor de autoescuela de hacerlo SOLO y se lo agradeceré eternamente. Cuando bajé del coche me di una paseo a la manzana analizando ese momento, sin duda entre los 5 momentos más importantes de mi vida. Y tengo dos hijos, así que imagina lo importante que era todo eso para mí.

    Ya con la plaza de garaje alquilada (mi zona para aparcar en la calle es muy fastidiada), el siguiente reto era meterlo ahí. Y llegó el día, y hundí la puerta trasera contra una columna. Todo se vino abajo. Volvían los fantasmas, realmente nunca se han ido del todo. Esa noche no dormí: rabia, frustración, miedo, angustia, autoestima por los suelos. No dejaba de decirme: “¿por qué no conduje con esos 18 años?.” Estas cosas con esa edad son anécdotas que se superan solas. Tengo 38 años y ahora todo da más miedo.

    Conducir sigue siendo una de las cosas más estresantes para mi, pero me fuerzo a hacerlo. Me ha costado mucho enfrentarme a ese miedo cara a cara y no voy a doblegarme. La sociedad en general es muy poco comprensiva con este tipo de situaciones. Te pitan enseguida, oyes comentarios de lo más bizarros. El coche, en definitiva, sigue siendo un objeto muy viril, y quien no lo lleva así es juzgado de forma muy mezquina.

    Como ves, nuestras historias se parecen. Me he visto tan reflejado por todos tus comentarios que no he podido más que escribir.

    Muchas gracias por todo: por hablar de tus miedos, por compartir tus experiencias y por ser fundamental para haber dado este paso en mi vida. No se trata de tener coche ni de conducir, se trata de haber afrontado un miedo. La baja autoestima es muy perversa, no debemos permitir que nos condicione la vida.

    ¡Saludos y buen viaje!

    • Gracias por contar tu experiencia de una forma tan completa. Y enhorabuena por haber comenzado a vencer los miedos que te mantenían atado. Con el tiempo seguro que vas a conseguir estar más relajado conduciendo. A mí la fase del estrés al conducir me duró un año o por ahí desde que obtuve el carnet. A veces me sorprende lo relajado que voy conduciendo y lo mucho que me gusta conducir a pesar de lo mal que lo pasé en los primeros días. Antes conducir de noche con lluvia era todo un reto y ahora es algo tan común como caminar.

      Nunca hay que frustrarse ni torturarse por los errores sino afrontarlos como una oportunidad más para aprender. El pasado nos marca, pero es posible superarlo aunque lleguemos a pensar que nunca lo conseguiremos del todo.

      Sobre los coches con cambio automático, hoy en día la diferencia con el cambio manual ya no es como antes. Hay coches de todo tipo con cambio automático (hasta 4×4) y que aprovechan de forma perfecta las prestaciones del vehículo. Es verdad que siempre habrá nostálgicos a los que les guste dar acelerones o maltratar el motor a base de rugidos, pero con el tiempo serán minoría como lo son en Estados Unidos y otros países. El coche híbrido con cambio automático se irá imponiendo, y luego el eléctrico. Los diesel y los de cambio manual tienen los días contados.

      El coche es salir a un mundo abierto, con todas sus ventajas y peligros, pero sintiendo privacidad (algo similar a internet). Por eso hay comportamientos agresivos e irrespetuosos para quien no se adapta al patrón que espera la sociedad. No debemos caer en ellos ni estresarnos con los errores o las barbaridades intencionadas que hacen otros.

      Buen viaje también para ti.

  4. Antes de nada, gracias, muchas gracias por vuestra ayuda. Hace 2 años y medio me compré mi primer coche. A pesar de haber pasado ya tiempo, no termino de soltarme ya que solamente lo cojo los fines de semana y a veces ni siquiera eso. Hace 6 meses, al subir la cuesta de mi aparcamiento por una distracción, no me abrí lo suficiente, me pegué demasiado a la pared y le arañé toda la puerta. Este fin de semana me ha vuelto a ocurrir lo mismo al bajar la cuesta. El coche en sí no es que me importe demasiado puesto que es un coche ya viejo; sin embargo, este último percance ha aumentado mucho mi inseguridad ya que pienso que si sigo fallando en cosas así nunca voy a ser capaz de conducir y maniobrar con soltura. Ya me veía más suelta circulando; sin embargo, a pesar de la suerte de no tener ningún percance con otro vehículo, cosas como estas hacen que me aburra y que piense que no sirvo para conducir. Creo que a estas alturas estas cosas son imperdonables.

    • No hay nada imperdonable. No te sometas a una presión excesiva porque no tienes que cumplir con ningún estándar de “buena conductora”. Aunque hace dos años que conduces, tú misma has dicho que practicas poco la conducción. No te tortures con los errores que cometas y practica más a menudo. Quien conduce debe estar preparado para tener algún incidente de vez en cuando, sea por error propio o por errores de los demás. Tómalo con calma y piensa que cada incidente te va sirviendo de experiencia para darte más seguridad en el futuro, y no al contrario. Cuando aprendemos a caminar de pequeños tenemos que caernos muchas veces hasta que conseguimos tener la habilidad suficiente para sustentarnos. Con el coche es similar. Ánimo. Confía en tu capacidad para superarte.

Deja un comentario

Acepto la política de privacidad y el aviso legal. *

Información básica sobre Protección de Datos

  • Categoría de datos: Usuarios, clientes y/o proveedores.

  • Responsable del fichero: Guillermo Pérez.

  • Finalidad: Gestión de los comentarios.

  • Legitimación: Interés legítimo / Consentimiento.

  • Destinatarios: No se cederán estos datos a terceros salvo obligación legal. Hospedaje en Godaddy Inc.

  • Derechos: Acceso, rectificación, portabilidad o cancelación de sus datos, y limitación u oposición a su tratamiento o a retirar el consentimiento prestado.

  • Información adicional: Política de privacidad.