Primer día en autopista

autopistaDespués de conducir durante unos días por ciudad y sentirme más seguro, me surgió la necesidad de desplazarme a otra ciudad y decidí que había llegado el momento de enfrentarme a una nueva experiencia: conducir por carretera y autopista. Aunque durante las prácticas en la autoescuela ya había practicado la conducción por autopista, hacerlo sin el profesor suponía un nuevo desafío.

Como ya expliqué en otro artículo, cuando era niño sufrí un accidente junto a mis padres cuando íbamos en coche por carretera. Eso me marcó. Siempre que iba en coche o en autobús por carretera pensaba en que en cualquier momento podía suceder alguna cosa que acabara en accidente. Ahora había llegado el momento de enfrentarme a la situación a los mandos de un vehículo. Y, como ya es habitual en mis primeros días de conductor, la experiencia no iba a darse en las condiciones más favorables.

No salí nervioso ni estresado, a pesar de que no tenía muy clara la ruta (la aplicación de GPS Here ayudó mucho). Primero fui por una carretera nacional, y enseguida alcancé los 100 km/h reglamentarios, comprobando que mi coche va mejor en carretera de lo que yo pensaba (acelera con soltura y el motor no es ruidoso como había leído por ahí). Tras tres kilómetros accedí a la autopista, también sin problemas en la incorporación. Llevar un coche automático supone una ventaja para quien se inicia, porque aún recuerdo, en las prácticas, las dificultades para ir adaptándome a la subida hasta la quinta marcha y luego en la salida ir haciendo las reducciones.

Poco después de comenzar la autopista, y cuando ya me atreví a pisarle y ponerme a 120 km/h, comencé a notar una sensación desagradable. Me fijaba en el asfalto y parecía que corría a una velocidad extraña, como hacia atrás. Intenté desviar la vista, primero al velocímetro y luego a un coche que estaba al frente en la distancia. Noté una sensación de incomodidad en la cabeza que empezaba a parecerse mucho a un mareo, incluso con unas incipientes náuseas. La vista se me nubló durante unos instantes y empecé a pensar en la posibilidad de tener un desmayo al volante. Levanté el pie del acelerador, pensando que si los síntomas continuaban iba a tener que parar en el arcén, y eso en autopista era peligroso. Preferí no decirle nada a mi mujer para no asustarla. Intenté centrarme en la música de The Beatles que sonaba por los altavoces y silbar un poco, y eso pareció ir mejorando lentamente los síntomas. A todo esto, no bajé demasiado la velocidad. De hecho, no estaba muy atento al pie y el GPS me dio un pitido de aviso de que me estaba pasando de la velocidad permitida. Por si fuera poco, comenzó a llover, primero de forma leve y luego más intensamente. El movimiento del limpiaparabrisas se sumó al malestar que ya tenía en la cabeza, pero seguí manteniendo el control y el mareo parecía no volver. A unos cien metros vi un camión con las luces de emergencia circulando muy lento, así que miré por los espejos y me pasé al carril izquierdo para adelantarlo. Lo adelanté sin problemas, y volví a la derecha a una velocidad de 110 km/h. Sin embargo, el camionero debió recuperarse de su repentina emergencia porque cada vez se acercaba más a mí, hasta que finalmente me adelantó y se me colocó justo delante sin dejar apenas distancia de seguridad y lanzándome toda el agua que estaba despidiendo. La visibilidad no era muy buena. Levanté el pie y dejé distancia con él, que seguía a la misma velocidad con la que iba detrás de mí (¿no es absurdo adelantar a alguien para seguir a la misma velocidad que antes?). Luego al camionero le dio por adelantar a todos los coches que tenía por delante y a hacerles lo mismo, obstaculizando todo el tráfico. Poco después, ya cerca de mi destino, me sucedió algo similar con otro camión al que adelanté. Con la carretera libre, le pasé porque iba lento, pero luego más adelante tuve que disminuir para dejar distancia con el coche de delante, y él decidió adelantarme justo en una incorporación y volver a la derecha casi sin dejar distancia. No sé si esto es habitual en carretera o si estaba previsto que me encontrara con dos camioneros salidos de “El diablo sobre ruedas”. Yo seguí mi camino hasta llegar a mi destino, con bastante lluvia y con esa sensación de malestar aún en la cabeza.

Tras comer y visitar algunas tiendas, emprendí el camino de regreso, preguntándome si volvería a sentir ese mareo en la vuelta. Para evitarlo, fui masticando chicle, porque eso me ha ayudado en otras ocasiones, por ejemplo en los aviones. Y esta vez no hubo mareo. Aunque he leído que este efecto se llama cinetosis, creo que en mi caso se debió más a la angustia interior de ser la primera vez que iba por la autopista y de no tener el cerebro aún acostumbrado a esas sensaciones visuales de velocidad. La vuelta fue tranquila y me sentí más relajado. Tuve, no obstante, un error en el tramo de carretera nacional. Decidí pasarme al carril de la izquierda para facilitar una incorporación, y luego dudé a la hora de volver a la derecha. Enseguida me encontré con coches que me adelantaban por la derecha (prohibido) y otros detrás de mí por el carril izquierdo. No tuve más opción que esperar a que pasaran los de la derecha para volver yo a dicho carril.

A excepción de esos incidentes, me sentí satisfecho de mi primera experiencia en carretera. Me sirvió para comprobar que hay muchos conductores que van con excesiva prisa y que no dudan en saltarse los límites de velocidad. Yo me mantuve siempre a las velocidades permitidas, muy cerca del máximo, y muchos me pasaron como balas. También comprobé que los camioneros cambian a menudo el ritmo y hacen maniobras arriesgadas, aunque no puedo juzgar a todos por los dos con los que me encontré.

Si de algo me preocupé en todo momento fue en dejar la distancia de seguridad con los coches que tenía delante, y más cuando estaba lloviendo, pero a otros parece que eso no les importa mucho porque adelantan y vuelven al carril sin dejarte otra opción que reducir para mantener la distancia. Lo que me dejó más satisfecho es que, en todo momento, intenté actuar con responsabilidad y prudencia, y si cometí algún error fue debido a la falta de experiencia. Espero que en próximas salidas pueda disfrutar más de la carretera e ir relajándome progresivamente sin por ello perder la atención.

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4 comentarios en “Primer día en autopista

  1. Es la primera vez que te leo y éste el primer post. Después de 4 años de carnet, leyéndote, he vuelto a recordar como si fuera ayer la primera vez que fui por autovía, fueron 500 km ese día y puedo asegurarte que eso me hizo sentir que llevaba años de carnet, ojalá tengas esa sensación en poco tiempo. Una pregunta: ¿Cómo es conducir un vehículo automático?

    • Gracias, Javier. Ya estoy más relajado al volante. En ciudad me noto con mucha soltura y hago todo de forma automática. Y en carretera volví a hacer otro viaje hace poco y todo fue bastante bien, sin mareo ni incidentes, aunque aún voy algo tenso. Esta vez noté la pierna derecha un poco dormida, y una sensación extraña en el brazo, así como una palpitación, pero solo duró un minuto o así y luego pasó.

      En cuanto a tu pregunta sobre el coche automático, voy a escribir pronto un artículo sobre ello. Pero te adelanto que para mí es una gozada. Se hace todo con el pie derecho y en ningún momento desplazas las manos del volante, por lo que lo considero más seguro. En los semáforos y rotondas casi siempre salgo el primero. Y el sistema de control en pendiente que lleva mi coche también es un adelanto muy recomendable, porque impide que el coche se vaya para atrás en las cuestas aunque quites el pie del freno. Ya me explayaré más en el artículo.

  2. Cuando describes este tipo de situaciones me veo reflejada. Tengo 35 años y no tengo carnet, hecho que me limita mucho, pero habiendo crecido en una familia sin coche ni carnet, nunca he visto la necesidad de tenerlo hasta ahora. Sé que en caso de sacármelo me encontraría con situaciones cómo las que cuentas, pero yo, probablemente acabaría desvaneciéndome. Está claro que son cuestiones psicológicas. Admiro tu decisión y fortaleza. Para algunas personas conducir es algo automático y “relativamente” sencillo. Para personas como tú (y yo) es un reto, un reto al cual yo no me he atrevido a enfrentarme.

    Ánimos!

    • Gracias, Sandra. Al principio lo más difícil es enfrentarse a lo que nos da miedo, sobre todo cuando ya hemos pasado una experiencia traumática en la carretera. Las primeras veces es importante llevar una persona al lado que sepa conducir. Lo que narré en el artículo me sucedió la primera vez y luego se ha ido desvaneciendo, hasta el punto que después de unas cuatro veces en autopista ya voy bastante relajado y no he vuelto a sentir esa sensación de mareo. Es importante también conocer por dónde vas, porque cuando has hecho la misma ruta varias veces ya sabes más o menos lo que te vas a encontrar, aunque al volante de un coche casi nunca hay dos días iguales. Ahora estoy haciendo trayectos por carreteras estrechas de doble sentido.

      Te animo a intentar sacarte el carné, aunque si no te es imprescindible tampoco pasa nada por no tenerlo. Si lo intentas, ten confianza y piensa que aunque es probable que vayas a pasarlo mal en muchos momentos, también hay grandes satisfacciones cuando vas superando las dificultades. No pienses que por experimentar algo muy desagradable al principio no vas a lograr superarlo, porque con constancia y capacidad de sacrificio vas a ver cómo esa sensación de “siempre voy a sentir lo mismo” o “siempre fallaré” va a ir quedando atrás antes de lo que pensabas. En todas las facetas de la vida sucede lo mismo.

      Saludos.

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